El 23 de junio de 2026, el artista Marcelo Aguirre Belgrano, ganador del Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística de la sexta edición, entregó al Municipio del Distrito Metropolitano de Quito la obra Expulsión del paraíso 2 (según Masaccio), como parte del compromiso establecido en el convenio para la ejecución del Premio. La obra fue incorporada a la Colección Mariano Aguilera, custodiada por la Reserva Alberto Mena Caamaño, que forma parte del Centro Cultural Metropolitano de Quito.
Esta incorporación se realiza en el marco de la Resolución de Alcaldía ADMQ 024-2023, que establece las condiciones del Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística. De acuerdo con su artículo 16, el artista ganador debe entregar al Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, a través del Centro de Arte Contemporáneo, una obra en calidad de donación, cuyo valor mínimo corresponde a quince salarios básicos unificados. La selección y el avalúo técnico de la obra en cada edición son aprobados por el Comité Técnico y la Coordinación del Centro de Arte Contemporáneo.
Una obra sobre la expulsión, la memoria y la condición humana
La obra entregada por Marcelo Aguirre lleva por título Expulsión del paraíso 2 (según Masaccio). De la serie Pecados capitales y expulsiones del paraíso. Realizada entre 1994 y 1995, corresponde a una pintura de gran formato —190 × 300 cm— ejecutada en óleo sobre lienzo. La obra condensa algunos de los rasgos distintivos de su producción artística. Desde una perspectiva formal, se caracteriza por un lenguaje neoexpresionista, trazos gruesos y firmes, colores agresivos y contrastes marcados, elementos que contribuyeron al desarrollo de un lenguaje propio dentro de la pintura contemporánea ecuatoriana. En términos de contenido, la obra presenta cuerpos desnudos y expone la herida individual y el dolor social.

A lo largo de su producción, Aguirre ha mantenido una preocupación constante por la realidad social y la condición humana, abordando temas como el dolor, la culpa, la angustia y las relaciones de poder. La pintura establece, además, un diálogo con La expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal (1424), del artista renacentista Masaccio. A partir de esta referencia de la historia del arte occidental, Aguirre traslada la escena a un contexto marcado por las tensiones sociales, políticas y económicas del Ecuador de la primera mitad de la década de 1990.
Sobre esta obra, el artista señala:
“Vergüenza, culpa y dolor emanan del Adán y Eva que Masaccio pintó hace seiscientos años en La expulsión del paraíso. Seiscientos años que la miseria deambula por las calles. Seiscientos años de destierro y fatiga.”
Desde esta perspectiva, Expulsión del paraíso 2 (según Masaccio) plantea una reflexión sobre las distintas formas de expulsión que atraviesa la sociedad y sobre las condiciones que determinan quiénes pueden habitar dignamente un territorio. La obra recupera una imagen fundamental de la historia del arte para interrogar el presente y establecer conexiones entre la memoria, la desigualdad y la condición humana. La obra ha sido presentada en distintas exposiciones, entre ellas Caldo de cultivos, realizada en 2004 en el Centro Cultural Metropolitano de Quito; en el Museo Municipal de Arte Moderno de Cuenca, en 1995; en Los siete pecados capitales, en La Galería de Quito, en 1994; y en la Galería Municipal de Miraflores, Lima, también en 1994.
Una colección con más de un siglo de historia
Con la incorporación de Expulsión del paraíso 2 (según Masaccio), la Colección Mariano Aguilera está conformada actualmente por alrededor de 76 obras. Este acervo reúne piezas que permiten recorrer diferentes momentos de la historia del Premio y del arte en el Ecuador.

Las obras de la Colección Mariano Aguilera se remontan a 1930, época en la que el Premio funcionaba bajo un formato de salón de pintura y escultura, y llegan hasta las propuestas de arte contemporáneo reconocidas en sus ediciones más recientes. La colección constituye así un registro de las transformaciones de las prácticas artísticas y de las distintas maneras en que las y los artistas han abordado los debates de su tiempo.
Cada obra que ingresa a una colección pública fortalece el patrimonio de la ciudad y reafirma el papel del arte como un bien común que merece ser protegido, investigado y compartido. La incorporación de la obra de Marcelo Aguirre amplía este acervo y contribuye a preservar una pieza significativa de la historia del arte contemporáneo ecuatoriano para las generaciones presentes y futuras.



